mercadeo, mercadeo
Cómo me apetecía escribir hoy (ayer por la noche). Es una pena que I. se haya ido a dormir tan pronto, pero vaya, lo colgaré mañana (hoy –qué curioso es el tiempo−). Aun así no he perdido la esperanza de que, por algún azar informático que no aspiro a entender, mi ordenador consiga conectar con el WiFi de la tienda Vodafone que hay en los bajos de este nuestro edificio. Porque ya puedo decir que es mi edificio: el piso que vamos a alquilar está 5 plantas más arriba que la casa de I. (y ya es coña, pensaréis… PUES SÍ).
Tengo ya ganas de mudarme y estar tranquilo, aunque desde luego ahora todo es mucho más relajado que hace una semana. He empezado a jugar a ser traductor audiovisual profesional, y no se me da nada mal, a pesar de estar con el guión de una peli de Bruce Willis (saquemos todos unos cuernos conjuntos). En el estudio todos me miran con ganas de que me muera lo antes posible y a poder ser de algo rápido (no vaya a ser que me contraten, lo cual, por otra parte, es completamente utópico). Al fin y al cabo, soy competencia, y no una competencia normal, sino una que, además de traducir guiones, sabe ajustar y pautar, lo cual es peor aún. Menos mal que, por lo menos, no han pasado a la acción física y aún no recibo capones por los pasillos ni le ponen corrientes de 5000W a mis auriculares. En fin.
También tengo ganas de hablar de Suomi. La tengo un poco olvidada (cibernéticamente hablando, of course; ella ya está incrustada en las gónadas de mi alma, que decía el Chaouen). Este fin de semana fui a casa de mis padres, que es donde la pobre tiene que estar hasta que yo por fin pueda entrar al piso. Dicen que los gatos son muy rencorosos cuando se sienten abandonados y que al volverte a ver después de un tiempo hacen como que han visto pasar al vecino del quinto. Pues Suomi no (y ahora mismo tengo un diámetro de 76 metros, el orgullo me infla), en cuanto entré por la puerta, vino a mis pies, me olfateó, miró hacia arriba con los ojos muyyy abiertos y, al cogerla, estuvo 5 minutos seguidos dándome besillus en la nariz. Y yo con las lágrimas a punto de saltar por la borda. He pasado unos días estupendos con ella… Bueno, y con mis amigos, y con mi hermana, y con mi abuela. A pesar del estado de mis manos y brazos (que tienen dibujada la red nacional de carreteras a modo de arañazos), ha sido genial tenerla conmigo. Estoy deseando poder traérmela a bcn. ¡Ay, amapola, yo de tahúr en otro mundo y tú tan sola!
pd: por cierto, ¿qué clave creéis que tendrá la conexión inalámbrica de una tienda Vodafone?
Tengo ya ganas de mudarme y estar tranquilo, aunque desde luego ahora todo es mucho más relajado que hace una semana. He empezado a jugar a ser traductor audiovisual profesional, y no se me da nada mal, a pesar de estar con el guión de una peli de Bruce Willis (saquemos todos unos cuernos conjuntos). En el estudio todos me miran con ganas de que me muera lo antes posible y a poder ser de algo rápido (no vaya a ser que me contraten, lo cual, por otra parte, es completamente utópico). Al fin y al cabo, soy competencia, y no una competencia normal, sino una que, además de traducir guiones, sabe ajustar y pautar, lo cual es peor aún. Menos mal que, por lo menos, no han pasado a la acción física y aún no recibo capones por los pasillos ni le ponen corrientes de 5000W a mis auriculares. En fin.
También tengo ganas de hablar de Suomi. La tengo un poco olvidada (cibernéticamente hablando, of course; ella ya está incrustada en las gónadas de mi alma, que decía el Chaouen). Este fin de semana fui a casa de mis padres, que es donde la pobre tiene que estar hasta que yo por fin pueda entrar al piso. Dicen que los gatos son muy rencorosos cuando se sienten abandonados y que al volverte a ver después de un tiempo hacen como que han visto pasar al vecino del quinto. Pues Suomi no (y ahora mismo tengo un diámetro de 76 metros, el orgullo me infla), en cuanto entré por la puerta, vino a mis pies, me olfateó, miró hacia arriba con los ojos muyyy abiertos y, al cogerla, estuvo 5 minutos seguidos dándome besillus en la nariz. Y yo con las lágrimas a punto de saltar por la borda. He pasado unos días estupendos con ella… Bueno, y con mis amigos, y con mi hermana, y con mi abuela. A pesar del estado de mis manos y brazos (que tienen dibujada la red nacional de carreteras a modo de arañazos), ha sido genial tenerla conmigo. Estoy deseando poder traérmela a bcn. ¡Ay, amapola, yo de tahúr en otro mundo y tú tan sola!
pd: por cierto, ¿qué clave creéis que tendrá la conexión inalámbrica de una tienda Vodafone?
(sonando carlos chaouen, era un poco evidente!)


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