mi gata como álter ego
Llevo unas 3 horas de blog en blog, mientras digiero la copiosa cena del restaurante chino apto para celíacos (rococó, ¿no?). Suomi está aquí, durmiendo a mi lado. La pobre no ha podido aguantar las idas y venidas de mi pie chungo y al final ha desistido y se ha bajado de mis piernas a su cama.
Podría citar veinte burradas que mis padres le han hecho o le permiten hacer, pero no voy a escribir un manifiesto sobre los cuidados óptimos de la gata. Mis padres la adoran. Ha sido todo un proceso, pero ahora no creo que se imaginen esta casa sin ella. Y esa es la controversia.
En noviembre fui a Roma, y Suomi se quedó con ellos. Días después de volver me fui a bcn a casa de mi amiga I. que tiene tres gatos (y un perro, y dos ranas que se llaman Drum'n'Bass, y los grillos para alimentar a las ranas), por un tiempo indefinido hasta que pudiera instalarme en un piso de alquiler. No pude llevarme a Suomi porque habría durado cinco segundos en una casa con tanta "naturaleza salvaje", así que se quedó con mis padres. De eso hace cerca de un mes y medio, y el día que me fui mi madre pegó un bajón en su estado de ánimo. Un bajón de los grandes. Me dijo llorando como una niña pequeña que no podía ver a la gata sin acordarse de mí y que la iba a cuidar como si fuera su nieta real (es que yo soy el papi de Suomi). Y lo más curioso es que llevo cuatro años viviendo fuera de casa de mis padres. Pero esta vez no sólo había dejado libros y pertenencias que no me eran vitales, no, había dejado con ellos a Suomi. Digamos que el registro cambia, y mucho.
Más o menos ha llegado el momento de irme con Suomi. Digo más o menos porque lo del pie no lo tenía previsto y voy a tardar un poco más en irme a bcn (esta vez voy con mudanza gorda en coche y son 6 horitas de embragar y desembragar). Y el ambiente en casa de mis padres cuando se toca el tema se enrarece y se enrarece hasta que o ellos o yo cambiamos de tema con toda la intención.
Por otra parte pienso en Suomi. Quizás aquí esté mejor, quizás no le venga bien un cambio de casa, quizás haya problemas con el espacio y la alergia de la Julay-me digo-. Pero yo la encontré, yo quise cuidarla y desde un primer momento quedó claro que la gata se venía conmigo. (Joder, esto es peor que un puto divorcio.) Además, vale que me encante personificar a Suomi, pero a ver, es una gata, y como tal se acabará acostumbrando a tener un radio de acción más limitado. Aunque su "cuarto de baño" y mi cama disten sólo unos cuantos centímetros, aunque mi madre pueda estar todo el día en casa con ella y yo sólo pueda verla a determinadas horas, aunque me tenga que gastar el sueldo en antialérgicos para la Julay...
Joder, es que es mi gata y esta no es la primera vez que lloro por ella. Qué mal. La quiero mucho.
Podría citar veinte burradas que mis padres le han hecho o le permiten hacer, pero no voy a escribir un manifiesto sobre los cuidados óptimos de la gata. Mis padres la adoran. Ha sido todo un proceso, pero ahora no creo que se imaginen esta casa sin ella. Y esa es la controversia.
En noviembre fui a Roma, y Suomi se quedó con ellos. Días después de volver me fui a bcn a casa de mi amiga I. que tiene tres gatos (y un perro, y dos ranas que se llaman Drum'n'Bass, y los grillos para alimentar a las ranas), por un tiempo indefinido hasta que pudiera instalarme en un piso de alquiler. No pude llevarme a Suomi porque habría durado cinco segundos en una casa con tanta "naturaleza salvaje", así que se quedó con mis padres. De eso hace cerca de un mes y medio, y el día que me fui mi madre pegó un bajón en su estado de ánimo. Un bajón de los grandes. Me dijo llorando como una niña pequeña que no podía ver a la gata sin acordarse de mí y que la iba a cuidar como si fuera su nieta real (es que yo soy el papi de Suomi). Y lo más curioso es que llevo cuatro años viviendo fuera de casa de mis padres. Pero esta vez no sólo había dejado libros y pertenencias que no me eran vitales, no, había dejado con ellos a Suomi. Digamos que el registro cambia, y mucho.
Más o menos ha llegado el momento de irme con Suomi. Digo más o menos porque lo del pie no lo tenía previsto y voy a tardar un poco más en irme a bcn (esta vez voy con mudanza gorda en coche y son 6 horitas de embragar y desembragar). Y el ambiente en casa de mis padres cuando se toca el tema se enrarece y se enrarece hasta que o ellos o yo cambiamos de tema con toda la intención.
Por otra parte pienso en Suomi. Quizás aquí esté mejor, quizás no le venga bien un cambio de casa, quizás haya problemas con el espacio y la alergia de la Julay-me digo-. Pero yo la encontré, yo quise cuidarla y desde un primer momento quedó claro que la gata se venía conmigo. (Joder, esto es peor que un puto divorcio.) Además, vale que me encante personificar a Suomi, pero a ver, es una gata, y como tal se acabará acostumbrando a tener un radio de acción más limitado. Aunque su "cuarto de baño" y mi cama disten sólo unos cuantos centímetros, aunque mi madre pueda estar todo el día en casa con ella y yo sólo pueda verla a determinadas horas, aunque me tenga que gastar el sueldo en antialérgicos para la Julay...
Joder, es que es mi gata y esta no es la primera vez que lloro por ella. Qué mal. La quiero mucho.


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