reyes de un asteroide
Qué curioso es todo. Cojo mi móvil y mando una foto a mi correo, móvil y ordenador a diez centímetros. Y esa misma foto ha tenido que recorrer miles de kilómetros (esquivar estrellas, darle la mano al sol y cerrar los ojos entre las nubes) para poder salvar una distancia que en realidad es de diez centímetros...
Cuántas galaxias hay a veces entre dos bocas, o años luz entre las dos paredes de un muro, o cuántos satélites habrá que visitar para quedarse uno consigo mismo. Me repito, me repito.
Cuántas galaxias hay a veces entre dos bocas, o años luz entre las dos paredes de un muro, o cuántos satélites habrá que visitar para quedarse uno consigo mismo. Me repito, me repito.

Hay veces en las que alcanzas las estrellas con una persona. Y por suerte hay veces en que las estrellas se acurrucan entre esas dos personas, aunque estén lejos la una de la otra. Con nigromante me pasó hace un año. Tuvimos la extraña suerte, de la que sólo unos pocos disfrutan, de encontrar una varita mágica en un mirador desde donde todo Cannes era nuestro. Estaba colgada en una fuente. Nos miró, nos miramos y la miramos. Y en esa fuente alcanzamos juntos las estrellas.


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