un boli nuevo
Ya. Esto me pasa por no actualizar. Se me agolpan los posts en la cabeza y luego mezclo el vino tinto con la mezquindad humana. Y así me va. De todas formas, pasan los días y hay donde elegir, sólo tengo que quedarme con el post mental del que más me apetece hablar.
Tengo un boli nuevo. Hace años tenía millones de bolis (y de lápices, y de gomas), cuando las papelerías eran territorios por explorar y había tanto sobre lo que dibujar o escribir. Poco a poco me he ido olvidando de aquella época en la que me podía divertir con tan poco. De hecho ya no me sirven muchas de las cosas que antes me divertían.
Pero el otro día, en mitad de una tormenta cerebral, cayó un relámpago entre mis ojos. Me di cuenta de que necesitaba un boli. Y salí a comprar uno.
No es un boli cualquiera. Es negro y hace que escribir sea como tirarse por un tobogán. Ahora mismo está aquí cerca, mirando con un poco de recelo porque sabe que estoy escribiendo sobre él pero no llega a leer por encima del teclado. Pobre... Espero que me entienda, sólo quería contaros que mi boli nuevo ha escrito su primer poema. El primero de muchos. Y lo escribió porque está harto de ver tinta de mala calidad en libros hipócritas. Me lo dijo el otro día mientras yo leía una frase de Bolaño que me gustó mucho. Los tres estamos de acuerdo en algo.
Y ahora que no mira, aprovecho para transcribirlo. Mi boli es un poco vergonzoso.
El poema se llama Mentir a las estanterías nunca será lícito.
No quiero arte pulido de escaparate.
Ansío vísceras y sangre en párrafos encadenados
cortar una estrofa y verle las entrañas
dejar entre renglones a todo el que programó
poesía en su reloj.
Tengo un boli nuevo. Hace años tenía millones de bolis (y de lápices, y de gomas), cuando las papelerías eran territorios por explorar y había tanto sobre lo que dibujar o escribir. Poco a poco me he ido olvidando de aquella época en la que me podía divertir con tan poco. De hecho ya no me sirven muchas de las cosas que antes me divertían.
Pero el otro día, en mitad de una tormenta cerebral, cayó un relámpago entre mis ojos. Me di cuenta de que necesitaba un boli. Y salí a comprar uno.
No es un boli cualquiera. Es negro y hace que escribir sea como tirarse por un tobogán. Ahora mismo está aquí cerca, mirando con un poco de recelo porque sabe que estoy escribiendo sobre él pero no llega a leer por encima del teclado. Pobre... Espero que me entienda, sólo quería contaros que mi boli nuevo ha escrito su primer poema. El primero de muchos. Y lo escribió porque está harto de ver tinta de mala calidad en libros hipócritas. Me lo dijo el otro día mientras yo leía una frase de Bolaño que me gustó mucho. Los tres estamos de acuerdo en algo.
Y ahora que no mira, aprovecho para transcribirlo. Mi boli es un poco vergonzoso.
El poema se llama Mentir a las estanterías nunca será lícito.
No quiero arte pulido de escaparate.
Ansío vísceras y sangre en párrafos encadenados
cortar una estrofa y verle las entrañas
dejar entre renglones a todo el que programó
poesía en su reloj.


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