7.6.06

el distrito elástico

A veces bajo al metro y me llegan impresiones inconscientes, como cuando el tren se ha quedado quieto hoy y el andén y todos los que estábamos en él hemos dejado atrás los vagones clavados en las vías para explorar los territorios lúgubres del túnel impasible.

Me gusta adivinar secretos al andar por la calle. Mirar hacia arriba porque suena un tango y tener la certeza de que hay claveles o humo flotando entre dos bocas entreabiertas. Sentarme en un banco con Ulises Lima (si tuviera un hijo se llamaría así) y dejar que la anciana del bastón lila intente adivinar a quién me parezco más, si a su nieto o a su hermano cuando era joven.

A veces me cruzo con algún desconocido que me mira a los ojos y ríanse ustedes de Medusa, pero sigo andando con los pies de mármol y la cabeza baja. Cualquier día de estos tendré que girarme, como aquella vez, aunque me prometí no escribir más sobre entonces y no lo pienso hacer.



Sin duda, cualquier día de estos tendré que girarme. Otra vez.