1.6.06

los días mueren en el estómago

Cada país tiene su propia forma de pasar página. En Francia, por ejemplo, ese momento llega con las elecciones, cuando al resto de europeos se nos viene a la cabeza la pregunta ¿Se habrán hecho más nazis aún?.

Este país cuenta sus etapas por folclóricas. Cada vez que una muere, algo cambia, algo acaba y algo empieza. Todos sentimos un no sé qué en el aire que diez años después nos servirá para pensar Qué joven era cuando murió Lola Flores. Y es que somos así de egoístas.

Debo confesar que hoy se me ha escapado una lagrimilla. Se me ha nublado la vista por un momento viendo llorar a tanta gente. Normalmente son estos momentos los que aprovecho para arrancarme y llorar a gusto por todas las cosas por las que me quiero desahogar, pero suelo acabar con los ojos un poco húmedos y un gran nudo en el estómago.

Precisamente ahí es donde he recibido muchas patadas estos últimos días. Patadas de las que se van al fondo. Estoy aprendiendo a esquivarlas pero de vez en cuando todavía me alcanza una de lleno.

Aunque espero dominar pronto la técnica de esquivar miserias ajenas, es mi propia miseria la que ahora se me viene encima. Y en lugar de nudos hay descargas eléctricas. Estoy muy nervioso y ni siquiera me sirve acercarme poco a poco a la ventana para espiar al mar. Lo bueno es que ahora tengo excusa para verle la nuca al chico guapo de la biblioteca. Ayer nos miramos y ardieron los libros. Pero dentro de unos días él también formará parte del imaginario nocturno de las cuatro de la mañana.