A veces lo único que te hace falta para que un día cualquiera se convierta en un día bonito es girar la muñeca con la llave del buzón en su cerradura. Incluso pasa que otro se te adelante y haga el giro antes. Y entonces el día bonito llega a través de sus manos, aunque sea ya de noche. Y abres la carta y te estalla en las narices otra persona.
Hace unos nueve años que me escribo con f. Es curioso, nosotros empezamos a llamarnos por nuestra inicial casi desde el principio. Con f. han pasado tantas cosas que no me siento capaz de contarlas. Pero sus cartas han sido las únicas que han pisado todos mis buzones, dondequiera que haya vivido, allí ha llegado una carta de f. Y me vienen tantas frases a la cabeza, tantas veces el "envíame el sello" convertido en ritual de fin de hoja, tantas clases de tinta diferentes. A veces las cosas más pequeñas son las que más marcan el camino, aunque a veces se equivocan.
Y era una carta alegre, pero recuerdo y pienso y leo
esto, y algo se me hunde en el pecho.